Compaginar estudios, acudir a clase todos los días e ir a las prácticas puede ser todo un reto, y es una realidad que muchos estudiantes viven. Aunque puede parecer un gran momento y una etapa apasionante, la realidad de los estudiantes refleja un reto y un gran nivel de exigencia, y lo más importante no quedarse en el camino.
La falta de tiempo es uno de los pilares centrales, ya que el rendimiento académico no puede verse afectado y bajar. Es por ello que una buena organización es clave. Tener una clara planificación de la semana puede ser de gran ayuda y marcar la diferencia, de forma que uno es consciente de que tiempo va a dedicar a la universidad, al trabajo y cuánto tiempo dejarás para ti o para el ocio. Desconectar es fundamental para que al retomar las tareas seamos más efectivos y contundentes. Puedes optar por ser más tradicional utilizando una agenda o, más digital, en el móvil, con aplicaciones como Google Calendar o Notion.
Sé realista. De nada sirve programar cinco horas de estudios al llegar de las prácticas y de la universidad si va a ser una pérdida de tiempo y no se van a aprovechar. Todo esto desemboca en estrés y agobio por la sensación de no cumplir con las expectativas y con lo propuesto. Es fundamental aprender a poner límites, de lo contrario no rendirás al máximo ni en las prácticas ni en clase.
Hay que tener siempre presente que es una situación temporal. Es solo un momento puntual de nuestras vidas y no va a ser siempre así. Entender este punto te ayudará a relativizar en momentos de tensión. Además, aprender a disfrutar del proceso también es un vértice más de esta etapa. Las prácticas están para aprender, cometer errores y aprender de ellos, crecer como profesional, averiguar qué te gusta y que no y ganar experiencia real, pero no para pasar un mal rato y ser una fuente constante de malestar.


